Leishmaniasis

Epidemiología

Según las estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), existen 12 millones de personas infectadas por el parásito del género Leishmania, algunas de las cuales manifiestan levemente los signos de la enfermedad mientras que otras mueren por sus efectos. La coinfección con VIH puede conducir a un estado grave de leishmaniasis que a menudo resulta mortal.

Leishmaniasis

La leishmaniasis es endémica en 88 países, donde existen más de 350 millones de personas en riesgo. Afecta a las regiones tropicales y subtropicales de todo el mundo, principalmente el Sureste Asiático, Oriente Medio, África oriental y Brasil. Sin embargo, la leishmaniasis también está presente en las regiones desarrolladas de Europa Occidental, donde se han detectado infecciones en personas en 16 países: Francia, Italia, Grecia, Malta, España y Portugal. También se han dado casos en los EE.UU., donde la enfermedad ha sido introducida por la vuelta de soldados infectados desde Oriente Medio. Las personas que viajan a zonas endémicas también están en riesgo de contraer la enfermedad.

La leishmaniasis afecta tanto a humanos como a animales. En humanos, la leishmaniasis tiene una incidencia de 2 millones de casos nuevos por año, 500.000 de los cuales corresponden a la forma visceral y 1,5 millones a las formas cutánea y mucocutánea. (1)

La leishmaniasis visceral, la forma más mortal, causa aproximadamente 59.000 muertes anuales; de todas las parasitosis, la malaria es la única que presenta una tasa de mortalidad mayor. (1)

Para aquellas personas que sobreviven a la leishmaniasis, las repercusiones son devastadoras: se calcula que, debido a la enfermedad, se pierden 2.357.000 años de vida ajustados por discapacidad (AVAD), lo cual sitúa a la leishmaniasis en el noveno puesto según un estudio mundial de enfermedades infecciosas

La leishmaniasis y sus repercusiones

La leishmaniasis es una parasitosis que se transmite por la picadura de los mosquitos flebotomos que han sido infectados por el parásito Leishmania. El nombre del parásito proviene de W. B. Leishman, quien identificó una de las primeras especies del género en 1901.

Las leishmaniasis son un conjunto de enfermedades de manifestaciones diversas, pero todas ellas tienen efectos potencialmente devastadores. La leishmaniasis puede ser causada por 20 especies pertenecientes al género Leishmania, un protozoo que se transmite por la picadura de unos diminutos insectos (entre 2 - 3 mm de longitud): los flebotomos o jejenes.

Los flebotomos habitan en todas las regiones intertropicales y templadas del planeta. Las hembras depositan los huevos en las madrigueras de ciertos roedores, en las cortezas de los árboles viejos, en edificios en ruinas, en el interior de grietas en paredes, en los refugios para animales domésticos y en la basura. Es en estos lugares donde las larvas de los mosquitos encuentran la materia orgánica, el calor y la humedad necesarios para su desarrollo.

En función de la especie del parásito que cause la infección y del sistema inmunitario del individuo infectado, la enfermedad puede afectar al bazo, el hígado, la médula ósea, las mucosas o la piel. El resultado puede variar desde lesiones menores, hasta deformidad, daños en órganos internos y, por último, la muerte del individuo.

Existen cuatro tipos principales de leishmaniasis:

  • En las formas cutáneas, suelen aparecer úlceras en zonas expuestas de la piel como la cara, los brazos y las piernas. Normalmente desaparecen en unos pocos meses y quedan cicatrices.
  • La leishmaniasis cutánea difusa provoca lesiones de piel diseminadas y crónicas parecidas a las de la lepra lepromatosa. Su tratamiento es complicado.
  • En las formas mucocutáneas, las lesiones pueden llegar a degradar parcial o totalmente las mucosas nasales, bucales y de las cavidades de la garganta y los tejidos circundantes.
  • La leishmaniasis visceral, también denominada kala-azar, se caracteriza por fiebre elevada, pérdida sustancial de peso, inflamación de bazo e hígado y anemia. Si no se trata, la enfermedad puede llegar a tener una tasa de letalidad del 100% en un período de dos años. Un 60% de los casos de leishmaniasis visceral se dan en el subcontinente indio (Bangladesh, India y Nepal), principalmente en las comunidades más pobres de las zonas rurales. Los restantes casos tienen lugar en su mayor parte en África Oriental (Etiopía, Kenia y Sudán), Brasil y Latinoamérica.

Durante muchos años se han venido subestimando las repercusiones que la leishmaniasis tiene sobre la salud pública, ya que muchos de los casos nunca llegaron a registrarse. De los 1,5 - 2 millones de casos nuevos por año estimados, tan solo 600.000 han sido declarados oficialmente. Además, de forma periódica surgen brotes epidémicos de leishmaniasis visceral que pasan en su mayor parte desapercibidos a pesar de presentar unas tasas de letalidad no inferiores al 10%.

La propagación de la leishmaniasis y el alarmante incremento del número de casos están relacionados con las alteraciones ambientales tales como deforestación, construcción de presas, nuevos planes de irrigación y migración a las zonas endémicas de personas que no son inmunes a la enfermedad.

Más recientemente, como resultado de alteraciones epidemiológicas, se ha observado un importante incremento de la coexistencia entre el VIH y la leishmaniasis visceral. La situación podría empeorar en poco tiempo en África y Asia, donde es posible que se siga infravalorando la prevalencia y la detección de la coinfección por VIH y leishmaniasis. (2)

Tratamiento y prevención

Los fármacos de primera línea para el tratamiento de la leishmaniasis son los antimoniales, que continúan siendo costosos, requieren sucesivas inyecciones y están asociados con efectos adversos importantes. Además, el desarrollo de resistencia a los fármacos está siendo cada vez más habitual en determinadas zonas (p. ej. Bihar, India). La miltefosina, un fármaco oral de reciente elaboración y activo contra la leishmaniasis visceral, todavía no se ha utilizado de forma generalizada. En según qué condiciones, puede ser recomendable realizar controles de vectores y reservorios, aunque su aplicación no es válida en todos los ámbitos epidemiológicos y requieren una infraestructura y seguimiento que está más allá de la capacidad de muchos de los países endémicos.

En nuestra opinión, la vacunación sigue siendo una de las mayores esperanzas para el control de cualquiera de las formas de la enfermedad.

Sin embargo, aún no existe una vacuna efectiva para la prevención de la leishmaniasis, a pesar de que se han realizado ensayos con varias vacunas caninas disponibles en determinados países. En el caso de la leishmaniasis humana, existen varias vacunas candidatas en fase de investigación, aunque por ahora ningún organismo regulador ha aprobado su uso en humanos.

Bibliografía de interés:

(1) Desjeux, P., 2004. Leishmaniasis: current situation and new perspectives. Comp. Immunol., Microbiol. Infect. Dis. 27, 305-318.

(2) The World Health Organization webpage